Somos la representación de aquellos gaiteros no pertenecientes a grupos, los que vemos la gaita desde abajo de las tarimas, la escuchamos en la radio, la vemos por TV, pero la amamos y adoramos como a nada en la vida...
La noche de ayer la comunidad de San Jacinto, ubicada en la parroquia Juana de Ávila de Maracaibo, rindió un homenaje a su patrona La virgen de La Candelaria en su día. El festejo inició con una misa que fue oficiada por monseñor Ubaldo Santana, arzobispo de la diócesis de Maracaibo.
Al concluir la celebración eucarística la virgen recorrió las calles del mencionado sector, en hombros de los Servidores de María acompañada por toda la feligresía de esta zona.
Los gaiteros de La Candelaria recibieron con una serenata a su patrona, mientras un gran espectáculo de fuegos artificiales iluminaba el cielo. Luego de esta demostración de amor la Sagrada Dama de San Jacinto fue llevada nuevamente a su trono dentro del templo.
Imagenes, nota y videos cortesia de Jonathan Nuñez. Twitter: @JonathanNunez19
“Cuando murió mi padre, todos lloraban y yo no lloré, estaría nervioso, pero mi padre me había regalado un caballo y ese caballo estaba pastando en un potrero frente al mar. Cada vez que pasaba frente a él, me sentía bien; era como su presencia” Gonzalo Rojas (Chile 1917-2011)
Gran coquivacoa- Sin rencor
Desde niño él ha estado maravillado por la creación de Dios, especialmente por el reino animal. Soñaba con ser un veterinario para entender más ese universo salvaje. Vivía en su tierra de las copaibas; Cabimas, rodeado de perros, hicoteas, gatos, gansos, loros que comían hicacos. El animal que más admira, al que reverencia con un fervor casi de vasallo a su rey, es el caballo, el imponente equus. Lo deslumbra su galope, su pose y alzada, admira sus crines y tupé. Lo impresiona la nobleza con la que ha acompañado al hombre a través de los siglos, una soberbia bestia hacedora de la historia.
Ese joven enamorado de la fauna, cual devoto sanfranciscano, es el cantautor Neguito Borjas. Nació el 3 de febrero de 1956, día en el que se cumplían 161 años del natalicio de Antonio José de Sucre, el soldado predilecto de Bolívar. Fue el cuarto hijo de Abdénago Borjas, cabimero a quien sus compañeros de rondas llamaban “Tigre” y de la cantante Hilda Rosa Urdaneta, quien fue integrante del grupo “Estampas Líricas”. Su alumbramiento se produjo en el sector “Punta Icotea” (*) de Cabimas, asistió a su madre en el parto la comadrona Margarita Soto.
Su primera composición la realizó a los 15 años: “Reina y soberana”, gaita que grabó su hermano Oscar Borjas con el Gran Coquivacoa:
“Aquí estoy como otros días Virgen del maracaibero a rendirte pleitesías como todo buen gaitero a ti que eres reina y soberana te lleva dentro el alma zuliana”
Su primer instrumento musical fue el cuatro, aprendió a tocarlo de forma autodidacta, imitando posiciones y acordes. Luego la guitarra, que ha sido su cómplice en centenas de composiciones gaiteras, salseras y románticas. De allí han salido temas que marcaron la tercera etapa evolutiva en Guaco, a partir de la ruptura de 1986. Éxitos que grabaron el Súper Combo Los Tropicales, Los Blanco, Tecupae y Bacanos.
El amor por la guitarra es un reflejo de los muchos años que Neguito escuchó el programa de Armando Molero, cada mediodía con devoción lo seguía desde las emisoras en amplitud modulada. Debido a su admiración por el bardo marabino, en 1988 compuso una gaita por la que obtuvo todos los premios de esa temporada “Gaita a Molero”:
“Molero nunca te olvido vos sois un genio inmortal quisiera oírte cantar a tu Maracaibo florido”
Abdénago se fue permeando de la música que escuchaba en los campos petroleros, en los clubes de la Costa Oriental que presentaban pianistas y guitarristas de jazz, norteamericanos en su mayoría. En paralelo presenciaba los ensayos del Barrio Obrero de Cabimas, el patriarca de los conjuntos gaiteros, cuando él apenas entraba a la adolescencia. De allí sus influencias musicales.
En 1975 ingresó a su principal escuela, la agrupación Gran Coquivacoa, donde la figura principal era Nelson Martínez. Compartió escenarios con Morris Ocando, sus hermanos Oscar y Beto, el pianista Eladio Oduber, el guitarrista Carlos Vargas y Juan Carlos Arcaya.
En 1978 grabó con ellos “Sin rencor” con el respaldo del sello TH Records:
“Le doy gracias al señor por haberte conocido pues los años que vivimos fueron de dicha y amor pero una sombra cubrió nuestro amor y en un momento este bello sentimiento además de sufrimiento desilusión me dejó”
Aunque el tema esa temporada pasó desapercibido, al año siguiente lo descubrió el locutor Víctor Prada Vallés y comenzó a radiarlo. Desde entonces es casi un himno. Según Gustavo Aguado, es la gaita más conocida en Venezuela y América, por ello suele cantarla en los conciertos de Guaco, como un reconocimiento a su pana “Nego”.
En 1986 comenzó una etapa creativa que lo catapultaría como la primera figura de gaita en Venezuela, Neguito tomó el comando en el Gran Coquivacoa junto a Jesús Petit “Bocachico”. Comenzó a grabar sus temas y ganar premios en todo el país con gaitas históricas: “Las Cabras” (1986), “Punta Icotea” (1987), “Gaita a Molero” (1988), “La alianza” (1989) y otras muy populares como “La onomatopéyica”, “Gaita es gaita” y “Algo sobrenatural” en 1993. Obtuvo el galardón “Gaita del Año” del Festival “Virgilio Carruyo” consecutivamente del 86 al 89.
Él le dio un nuevo rumbo a la gaita, comenzó a plasmar su gran talento para las melodías, su carismática forma de cantarla, pero además aplicó técnicas del mercadeo que aprendió en Oklahoma City, EE.UU., donde estudió por dos largos años como becario, culminando el grado en Gerencia de Mercadeo en 1979.
De esos años de pasantía por el oeste norteamericano surgió su gaita “Soy zuliano” que grabó junto a Ender Carruyo en 1980:
“Tengo la musa encendida por hacer una gaitica que hable cosas bonitas que hable mucho del amor que digas cosas hermosas que hable de mi madrecita que hable de las lindas cosas que nos ha dado el Señor”
A lo largo de sus 38 años como gaitero, Neguito ha establecido alianzas con líderes de otros géneros, como lo hizo con el Binomio de Oro cuando grabaron “Déjame tranquilo” una cumbia-tamborera que sonó en todo el país en la voz del finado Rafael Orozco. La grabaron en el estudio Sonofuturo en 1992, poco antes de que el vallenatero fuera víctima del terrible atentado en su casa de Barranquilla, el 11 de junio de ese año, donde lo masacraron frente a su esposa e hija.
También ha tenido alianzas con Gilberto Santa Rosa, Olga Tañón, Gran Combo de Puerto Rico, entre otros, que han propiciado que su obra y su talento sean conocidos allende frontera venezolana. Su tema “Sin rencor” tiene más de 30 versiones, en distintos ritmos, entre otros, del cuatrista puertorriqueño Yomo Toro y su orquesta de Nueva York. Eso convierte a Neguito Borjas en una de las plumas mejor recompensadas en SACVEN, la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela, de donde recibe apreciables regalías anuales por sus composiciones.
En el año 2012 su tema “La cola” grabado junto a Oscar D´León y Mermelada Bunch estuvo en el primer lugar del ranking de la Cadena HTV, con difusión continental. Igual sucedió en Venezuela con el álbum de navidad grabado en colaboración con Huáscar Barradas “Hallacas con flauta” y su disco Gran Coquivacoa “Clásico I”, que circuló encartado con el diario Últimas Noticias, en el cual versionó 14 de sus éxitos con la agrupación que lleva el nombre de nuestro lago.
Desde el año 1998, Abdénago de Jesús Borjas Urdaneta es miembro fundacional de Los Chiquiquireños, agrupación que nació para ofrendar con su canto a nuestra patrona La Chinita. La conforma la élite de los mejores músicos, compositores y cantantes del género, que año tras año plasman musicalmente su amor a la Virgen.
“Dime Chinita si ella vuelve conmigo o simplemente la olvido la saco de mi corazón” (Canta Gustavo Aguado, 2008)
Con ellos ha grabado desde su nacimiento como agrupación, cuando interpretó junto a Astolfo Romero el tema “Rompo a llorar” escrita a ocho manos. Le colocaron el título gracias a un préstamo poético a Simón García, por su tema “Mi nostalgia” (convierto en alas mis brazos y como un niño rompo a llorar).
“Rompo a llorar al ver tu rostro moreno y de un gran fervor me lleno saladillero cabal, me pongo sentimental me provoca como antojo lanzarle un verso a tus ojos y salir a parrandear” (Heriberto Molina, Astolfo Romero, Jairo Gil y Neguito Borjas)
Un creador de su tenor, no solo acude a la guitarra para plasmar su inspiración, su pulsión creativa también la ha canalizado a través de la radio, con programas al lado de Johandry Salas, Alfredo Arrieta y Carmen Elena Arrieta. Sabe comunicar alegría, humor con inteligencia y logra una favorable respuesta de las audiencias. Esa labor la alterna con su vocación de adiestrador de potros, es dueño de la caballeriza La Estrella, donde su equipo cría sementales y domeña caballos de paso, negocio que atiende con dedicación, con el mismo amor que desde niño sintió por los equinos. Hasta ahora ha logrado excelentes resultados, premios en ferias y cabalgatas, reconocimientos de criadores y ganaderos, dentro y fuera del país.
En muchas entrevistas él ha confesado que su familia es el fundamento más importante de su vida: Sus hijas Mónica y María Alejandra y sus hermanos María Eugenia, Beto y Oscar, los sobrinos que lo adoran, entre ellos Luis Fernando Borjas, figura icónica de Guaco en la actualidad.
El niño que se colaba en los ensayos del Barrio Obrero, el enamorado de los boleros y las guitarras, el muchacho que soñaba con ser el veterinario del zoológico más grande del mundo, hoy en día es una de las figuras más relevantes de la gaita y la música venezolana. Un creador que desde la tradición, mira el futuro.
Neguito, el cabimero dueño de una musicalidad tocante, se hizo trovador sin fronteras. Aún sueña con unicornios y corceles.
Escrito por: @leonmagnom Cortesia de SABORGAITERO.COM
El poeta zuliano Alexis Fernández escribió este poema al Relámpago del Catatumbo, a propósito de su inclusión en la lista del Récord Guiness, oficializado el 28 de enero en el Día de la Zulianidad. Léalo a continuación: Relámpago del Sur (Ilustración de Ender Cepeda) 1 Destello mineral, milenario y mítico, llevas a cuesta la edad de los grandes temporales y en tus orígenes se cuecen los ríos aluviales del sur con las aguas claras y negras de una ciénaga de encantos. ¿Cuántos misterios palpan tus fuentes ante la infinita suspicacia de tu fulgor? ¿Cuánto mar vertido ante la centella enmudecida de tu esplendor? 2 Mineral tu resplandor cuando cubres los cielos en un inusitado delta de grafitos y farolas. Un collage de cristales de fuego y cuarzo iluminan y desbordan los límites de ingeniosos espejos cuando vanamente intentan retenerte. Un lienzo de ocres dispersos, llevados por mil centellas y cien chubascos, se estremece intermitente a orillas de la memoria. 3 Milenario tus orígenes que surten allí sus estaciones, sus meteoritos que iluminan la noche lacustre, la ladera andina, el amanecer fluvial y los malecones del mundo que de puro olvido restallan ante tu esplendor. 4 Mítico el destello que iluminó las noches de la cuenca y sus hombres de agua, sus casas de agua, sus noches de torrentera y chubasco. ¿Comentaron los onotos de Toas a los quiriquires del sur sobre el eterno resplendor? ¿Fue guía en el intercambio en la oscurana lacustre, propició fogatas en las arenas, esplendor ante el cardumen, hizo luz en el manglar en el alba de los nacimientos? ¿Qué impresión guardó el burede en las orillas del río Concha, el torondoy de las laderas andinas y el bobures del lago ante la llamarada que deslumbraba sus noches? En el boscaje y la sabana iluminados por el relámpago los Bari, yukpa, añú, wayuu aún son convocados por el destello ancestral , más allá de su silencio, más allá de su fuego. Nuestros pueblos originarios alzaron sus ojos ante tu luz como fuente de vida, el encanto rozó su fascinación, el fulgor cautivó su hechizo. Catatumbo, es desde su lengua de origen, tierra de huracanes, tierra de chubascos y salitres. Tierra de luz permanente. ¡Llamarada! Fuego sobre las aguas, fuego del cielo. Río de fuego. Rio en el cielo para los Bari. Expresión de la Madre Tierra, para los Yukpa. Sangre ancestral, venas de la tierra por la furia de Maleiwa, para los Wayuu. Mítico tu fulgor escrito en bitácoras de fuego, donde las conquistas disputaron sus dominios bajo la linterna iluminada de tus noches. Francis Drake y su mala sombra, rindió tributo a tus destellos al invocarte perdido ante Diego Suárez de Amaya, otra ave de rapiña que merodeaba bajo el asombro del trópico. Lope de Vega cuando armaba su catálogo al impostor, invocó tu trascendencia, en su épica Dragontea, donde se afinaba el alcance de tu fulgor, el poeta madrileño nombraba al asombro. El inquieto naturalista Humboldt nos habla de esas singulares luces, esas llamas, esas fosforescencias que al parecer nacen en el río Catatumbo, cerca del río Zulia. Anton Goering legó lienzos y acuarelas caldeados en tu fuego. El marinero y cartógrafo Codazzi, describió su extrañeza ante el relámpago continuado. José Prudencio Padilla honra tu luz con su gloria en la Batalla Naval del Lago al vencer a la escuadra española, en una crónica que aún no terminamos de contar. El poeta Udon Pérez, cantó con hidalguía, para hacer de tu esplendor un himno, en su tenacidad parnasiana lo escuchamos, en tu noble misión, apostado en alguna esquina de su memorable como desvanecida ciudad, "La luz con que el relámpago / tenaz del Catatumbo / del nauta fija el rumbo / cual límpido farol”. Y Checame, José del Carmen Guerrero, morador y memoria de Congo, trajina el punto cardinal de tu nacimiento, sabe que eres errático y esquivo, volátil y titilante, él, te ha tenido entre sus manos, en el punto exacto donde te abarca su mirada, cuando lanza la red ante el cardumen, cuando recoge el anzuelo con la zurda, esplendido ante sus ojos, donde revientas los cielos y la mar y persigues su sombra, esa llamarada de más adentro, alojada en su alma. 5 En un madero con mástil que los abuelos llamaron piragua recorríamos las distancias siderales cuando navegábamos los ríos de la infancia. Entonces esos relámpagos en acecho que son los ríos, ardían bajo tu fuego y seguían el curso de tu esplendor. Los carros de hojalata que los abuelos llamaron trenes crepitaban en sus rieles bajo tu ímpetu y los maderos con mástiles y velas que los abuelos llamaron piraguas seguían la ruta que destilaba tu luz. Entonces, el potro de nácar que abrevaba en las nacientes se tornaba dorado en su trote y no sabíamos si las piraguas, los trenes y el caballo de nácar regresarían alguna vez, más allá de esa llamarada. 6 Silente y continuo, distante y perenne alumbras la ruta de navegantes y pescadores, te metes como río en acecho en nuestra más antiguo credo, convocas el misterio, incendias el hechizo, ---eres una aldea en llamarada, un bosque de fuego, una antorcha iluminando desvencijados pueblos de agua, un croquis de agua y fuego que madruga nuestra memoria--- y despiertas al borde mismo de los sueños. Nos contienes y rebasas, Nos imantas y colmas Y sólo tiendes silentes destellos de luz ante los ríos que se desvelan en tu fuego. Un alfabeto en llamas intenta nombrarte, no lo logra, más allá del asombro. 7 Ahora cuando las redes internautas acercan el sin fin del mundo y el planeta cabe en un adminiculo, el relámpago silente está allí, convocando el misterio, diseñando insólitos y esquivos croquis ante nuestra mirada. Sutil, inaprensible, envía señales, extraordinarias señales ante nuestras cada vez más incrédulas maneras de percibir el mundo que ya cabe en un artefacto. En su mutismo, traza infinitos bosques de luz, ante nuestros ojos que siguen su esplendor no sin asombro… ahora cuando en ese leño con mástil (ahora con motor a dissel, con no sé cuántos caballos de fuerza y estación eléctrica) nos acercamos al lugar de tu esplendor ciénagas de Aguas Claras y Aguas Negras de Juan Manuel, en tus canales iluminados, en tus mareas arremolinadas, creídos palpamos el origen, la infancia, el asombro. 8 ¿Cuánto olvido acumulado registran tus bitácoras? ¿Cuántas miserias acopian tus riberas que profesan con esplendor su feracidad? ¿Cuánta luz inclinada sobre destartaladas chozas donde tu destello aún alumbra el misterio, la esperanza, el amor y también ese oficio de morir acostumbrado que es el olvido? ¿Cuánto omisión acumulada sobre ese fuego ancestral que magnífica la vida? ¿Cuántos himnos, decretos, plegarias, poemas, canciones, gaitas, gritos y tantos otros aires faltan para no terminar de olvidarte? Catatumbo, retumbas por dentro, nuestro más antiguo sueño: volver a encontrarnos en esa tierra de agua, sol y vientos para no olvidar la semilla de tu encanto, la semilla feraz de tu nacimiento . Relámpago del Sur, de Bitácoras de Congo, Alexis Fernández, 2014
Una joven coqueta, atenta, guapa. Siempre pendiente de su familia y con valores zulianos muy arraigados. Así era María Daniela Cepeda, la quinta de los ocho hijos del gaitero Ricardo Cepeda. La joven de 26 años falleció a las 5:00 de mañana de este domingo al impactar su Optra azul contra un poste de electricidad ubicado a 100 metros de la entrada de la Alfarería Caribe, en el sector Cañada Honda de Maracaibo. Su familia no sabe exactamente cómo ocurrió el accidente. Su tía Rina Cepeda informó que tuvieron conocimiento que fue a una fiesta con sus amigos. Presumen que llevó a sus acompañantes a sus casas y que de regreso a la urbanización San Miguel, donde estaba su vivienda, se quedó dormida y colisionó. Murió en el acto. Sus familiares estaban muy sorprendidos por lo sucedido. Lamentan que una persona tan joven, haya muerto de esa manera. Se conoció que María Daniela era la hija mayor del segundo matrimonio de Ricardo Cepeda. Vivía con su mamá y su pequeña niña de un año y medio. Hace tres años se graduó como Licenciada en Educación en la Universidad José Gregorio Hernández. Sus restos serán velados en las Capillas Velatorias “Mansión Apostólica”, en las inmediaciones del estadio Alejandro Borges.